Cuando alguien retiene contra su voluntad a otra persona, pueden suceder varias cosas.
Lo más frecuente no obstante es que el retenido, especialmente cuando se trata de un menor, tenga miedo, y se deje por tanto retener. Privar por tanto de la libertad a un menor es fácil, en primera instancia, más si cabe cuando quien lo hace es uno de los progenitores, y además lo hace con el mayor y más poderoso de los cómplices.
Pero cuan sabio es el refranero popular español y como me gusta el refrán “ el tiempo es un juez implacable” por que si, por que lo es. Por que éste es un juez libre, no se debe a modas, miedos, presiones mediáticas, ni prejuicios sexuales, ni de condición alguna.
Y el tiempo, si la muerte no lo impide, pasa. Y pasa para todos.
Y el menor retenido contra su voluntad puede llegar a perder el miedo, e incluso puede con más tiempo tener criterio, y al cabo de un tiempecito más, puede incluso llegar a tener un discurso claro, coherente y veraz de los abusos que sufre y ha sufrido.
Entonces es cuando el más poderoso de los jueces hablará. Y cuando todos los hijos hoy retenidos contra su voluntad se liberarán, dejando atrás miedos, para gritar libertad, y elegir de ese modo a quien aman libremente, con quien viven, y como lo hacen.
La factura por tanto de la retención puede tornarse en rechazo.
Francamente, y teniendo en cuenta cuan breve es la vida y que solo la vivimos una vez, apuesto por la libertad desde el primer día. Vaya a ser que a la larga nos quedemos más solos que la una, y lo que en principio nos vino como caído del cielo, termine asfixiándonos, como asfixia a la gran cantidad de madres divorciadas cuando los retoños dejan de ser retoños, y deben a los 50 y tantos, afrontar la vida real, por no haber querido afrontarla cuando aún eran jóvenes.
miércoles 24 de junio de 2009
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